Tres selecciones de la línea italiana de Freixenet para los momentos que este mes tiene reservados
Freixenet tiene una línea de vinos italianos que pocos conocen tan bien como deberían. Elaborados en sus regiones de origen — Sicilia, el norte de Italia — con el terroir, la historia y el carácter que eso implica, son vinos que llegan a la copa con identidad propia y una versatilidad que los hace perfectos para cualquier mesa. Mayo, con todo lo que trae consigo, es el mes ideal para descubrirlos: hay mucho por vivir, y estos tres vinos saben exactamente cómo acompañarte.
El 9 de mayo se celebra el Día Mundial del Moscato — y el Freixenet Moscato (Servir a 6–8°C) tiene todo para estar en el centro de esa celebración. Originario de Sicilia, donde el sol intenso y los suelos volcánicos producen uvas de perfil único, llega a la copa con notas a durazno fresco, cítrico y flores que lo hacen inmediatamente disfrutable. Es el vino sin complicaciones — y eso, en el mejor sentido posible. Ideal para los días cálidos que mayo empieza a traer y para cualquier mesa que quiera algo fresco, ligero y sin pretensiones. Va perfecto con sushi, ensaladas frescas con durazno o manzana, y en lo dulce, con tartas de queso con frutos o una pannacotta.
El 17 de mayo es el Día Internacional del Pinot Grigio, y el Freixenet Pinot Grigio (Servir a 8–10°C) lo celebra como debe: originario del norte de Italia, donde el clima fresco y los suelos le dan esa acidez natural que lo distingue. Limpio, fresco y cool — así se describe, así se siente. El blanco perfecto para la cocina de temporada: quesos suaves y cremosos estilo brie, mejillones, almejas, pescados a la parrilla y pastas con toques de pesto y parmesano. Y para el copeo del atardecer, ese momento donde nadie tiene prisa y la conversación se extiende sola, es simplemente el vino correcto.

Y luego está el que no necesita fecha: el Freixenet Cordón Negro (Servir a 6–8°C). Relajación total. Jardín, manta en el pasto, tapas con jamón serrano, queso y frutos — manzana, durazno — y el Cava más icónico de Freixenet bien frío en el centro de la mesa. Acompaña de maravilla ceviches, pastas ligeras de mar, embutidos, quesos suaves y arroces cremosos. Sin complicaciones, sin protocolo, sin pretexto.
Y en eso hay una lección que aplica para toda la selección: la temperatura de servicio no es un detalle menor — es lo que separa un buen vino de uno que no llega a su mejor versión. El Moscato y el Cordón Negro se disfrutan mejor entre 6 y 8°C, mientras que el Pinot Grigio pide un poco más, entre 8 y 10°C. Servirlos bien fríos no es protocolo de sommelier — es simplemente respetar lo que cada vino tiene para dar. Un buen vino mal servido es una oportunidad perdida.
Tres vinos, tres momentos distintos dentro de un mismo mes. Y si mayo tiene una fecha que merece especialmente una copa bien elegida cualquiera de estas tres está a la altura.






































